Quiero presentarles una cita de un autor llamado Edgar Morín, que me parece viene muy a colación con algunos puntos que se tocan en el video que adjunto, además les compartiré una reflexión que integré en una de las actividades de aprendizaje de la asignatura de Orientación educativa, pues me parece muy relevante destacar la idea de una orientación bajo un enfoque más integrador para la educación de los niños:
“No hay un estado
superior de la razón que domine la emoción sino un bucle intellect –affect; y de cierta manera la capacidad de emoción es
indispensable para el establecimiento de comportamientos racionales” (Morín, 6).
Esta idea
de Morín es maravillosa. Me parece que desde la antigüedad, muchos pensadores
insistían en esa imperativa separación de la razón y la pasión. Así lo destaca
Molina citando a Jares et al (p. 10),
pues afirma que un enfoque más integrador de la orientación plantea que la formación del sujeto no
puede estar separada de su componente afectivo y experiencial. De hecho,
reflexionando en este punto, el propio Nietzsche hizo una recuperación
filológica del antagonismo Dionisos-Apolo en los mitos de la Grecia clásica,
entendido someramente como la dicotomía entre la pasión desbordante y la
racionalización disciplinada, por llamarlos de algún modo. Claro él, como
vitalista, sostenía que en ese péndulo existencial debíamos tender hacia la
pasión creadora. Pero lo que quiero destacar es que, en efecto, hasta en el vox populi se suele concebir a la pasión
como un agente distractor, minimizador e incluso anómalo de la razón y la
disciplina. Así, la razón, lo racional está en la cúspide del desarrollo
humano, como si todos pudiésemos convertirnos en autómatas descorazonados,
completamente imparciales y sin ninguna muestra de afectividad, vinculación o
apego. Y como si de verdad los que se consideran enteramente racionales
operaran bajo una rígida fórmula matemática. Por ello, esta sentencia de Morín,
además de impresionarme me dejó atónito, ya que considero que sin pasión no
existiría aquel catalizador para disparar nuestro interés por algún proceso o
fenómeno, es decir, que para interesarnos en conocer algo debemos dotarlo de
una significación, de un sentido y ese sentido proviene de nuestro interés,
esto es, de nuestra pasión por saber, conocer y descubrir. Es por ello que para muchos niños la escuela les parece sumamente aburrida y asisten únicamente por heteronomía moral, es decir, para cubrir lo que llaman sus padres "su única obligación", los niños no sienten curiosidad por el conocimiento, para ellos es una esfera densa, aburrida y a veces ininteligible y, claro, todo gracias a que no lo dotan de sentido y significación. De ahí que todo lo conciban parcelado. Una cosa es la escuela y la vida escolar y otra muy diferente la casa y su vida familiar y su contexto socio-cultural l suelen reducir a esos dos espacios. Una orientación integral podría ayudarlos
a fortalecer su voluntad por saber, conocer, aprender y "ser", a través de la manipulación consciente y
controlada del cambio, cuando se enfrentamos a cualquier tipo de conflicto, ya
sea escolar, personal, social, psico-afectivo, etc., pues si dejan de parcelar y reducir entenderán su vida como un proceso simbiótico en donde todo está relacionado y en donde la colectividad es una especie de organismo en donde todos sus actores deben operar eficiente y solidariamente.
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