Escrito por Jesús Laguna Peña
Consejero de Educación y Cultura España.
Los principios que rigen la orientación y la acción tutorial deben definirse en una
serie de objetivos que ayuden a diseñar planes de trabajo en los centros. Estos objetivos
concretan, por lo tanto, los principios de individualización, educación integral,
respuesta a las necesidades de los alumnos, coordinación y transición.
A continuación se enuncian los objetivos y se acompañan de un breve comentario
que ayuda a entender el sentido de los mismos.
a) Asumir como tarea propia de los docentes la orientación y la acción
tutorial de sus alumnos.
Este objetivo es básico y esencial, si los profesores no desarrollan actitudes favorables
hacia esta tarea, aunque normativamente esté prescrita como propia de la
función docente, difícilmente puede desarrollarse un plan de orientación y acción
tutorial en el centro. El hecho de que existan en los centros recursos especializados
para la orientación y la intervención psicopedagógica no debe propiciar el abandono
de estas labores por parte de los tutores y del profesorado en general.
Objetivos y tareas de la
orientación y de la acción
tutorial.
b) Propiciar el conocimiento de las características propias del alumnado,
asumiendo que cada alumno es único.
Con esta formulación se resalta la importancia de que el profesor tutor y el profesorado
en general demuestren una sensibilidad hacia la diversidad del alumnado
como elemento de la realidad humana. Tiene, por lo tanto, una base actitudinal y
un componente más técnico. Los docentes pueden utilizar diferentes medios para
conocer a sus alumnos, para detectar sus motivaciones, sus aspiraciones, sus conocimientos
previos, etc.
Este objetivo concreta el principio de individualización y de educación integral.
Si es importante el conocimiento de cada alumno para aquellos que no presentan
especiales dificultades, no lo es menos para los alumnos que presentan necesidades
educativas. En estas labores, la colaboración entre profesores y el orientador es de
suma importancia.
c) Realizar un seguimiento personalizado del alumnado con un enfoque preventivo que evite, dentro de lo posible, la aparición de disfunciones y
desajustes.
Orientar al alumno es acompañarlo a lo largo de su escolaridad, darle información
de forma continua ayudarle a resolver los problemas que se le planteen. La
orientación debe partir del supuesto de que el éxito se produce cuando hay consonancia
entre las capacidades del alumno y el rendimiento alcanzado; pero el seguimiento
no solo implica los aspectos más académicos e intelectuales. Debe tener en
cuenta todas las dimensiones de la persona.
d) Adecuar las programaciones, la enseñanza y la evaluación a la diversidad
del alumnado.
La orientación persigue una respuesta educativa en consonancia con la realidad
del alumnado. Para ello, la programación debe tener en cuenta este principio, las
metodologías deben propiciar el aprendizaje personal y la evaluación debe ser sensible
a las formas peculiares de llevar a cabo el aprendizaje.
e) Potenciar la coordinación de los profesores que imparten enseñanza a
un mismo grupo de alumnos o a un alumno en particular, con el fin de unificar
criterios y pautas de acción.
La orientación del alumnado debe ser tarea compartida por todo el equipo
docente. Corresponde al orientador realizar un seguimiento más individualizado
y coordinar al profesorado que interviene en su grupo de alumnos.
Debe tenerse en cuenta que además de los objetivos específicos que cada profesor
tenga para su área, todos ellos deben tener unos objetivos en común que son
propios de la etapa y se refieren a la madurez y a la formación general del alumnado.
Especial importancia tiene la coordinación entre el orientador y el profesor de
apoyo en el caso de alumnos con necesidades educativas. Esta coordinación está en
la base del éxito de la enseñanza con este alumnado. Ambos deben saber qué se trabaja
en cada momento, deben revisarse sus pro g resos y marcar nuevos objetivos en
consonancia con los mismos.
f) Implicar a las familias en la educación de los alumnos para unificar criterios
y pautas educativas que redunden en una mayor coherencia entre
escuela-familia.
La orientación debe propiciar que los dos grandes ámbitos con finalidad educativa
como son la escuela y la familia, unifiquen criterios e incidan de forma coherente
en el alumnado. No se trata únicamente de traspasar información, sino de ir más
allá, de generar un contexto de colaboración en el que los valores, las actitudes y las
actuaciones converjan de forma coherente.
g) Coordinar recursos para atender a las necesidades del alumnado buscando
la complementariedad de perspectivas de los distintos profesionales
que intervengan.
En algunos casos la intervención del tutor o del equipo docente será suficiente
para dar respuesta a las necesidades de un alumno, pero en otros casos, será precisa
la intervención de otros especialistas como el orientador o el personal del Centro
de Recursos de la Educación Especial, los Servicios Sociales de Base, etc.
En estos casos, debe buscarse la coordinación entre todos ellos procurando una
visión global de las necesidades del alumno.
h) Atender a los alumnos que presenten necesidades educativas especiales
buscando la optimización de los recursos y la máxima integración del
alumnado.
Este objetivo de la orientación enmarca un campo prioritario: las necesidades
educativas del alumnado. Este campo exige una atención prioritaria en los centros
escolares y debe diseñarse y llevarse a la práctica optimizando los recursos que dispongan
el centro. En este aspecto debe buscarse la implicación global del centro
para dar respuestas coherentes y asumidas por la comunidad educativa.
i) Propiciar un clima de clase adecuado para la convivencia y el trabajo
escolar buscando la aceptación de todos los alumnos.
La enseñanza se desarrolla en un grupo humano compuesto por alumnos y profesores. Es objetivo de la orientación y de la acción tutorial conseguir que el grupo
humano de alumnos funcione de forma cohesionada consiguiendo una motivación
de grupo adecuada.
El clima de clase tiene una gran importancia y repercusión en el progreso del grupo
y de cada alumno. Un buen clima de clase favorece la autoestima, la responsabilidad,
las actitudes favorables hacia el trabajo escolar, genera hábitos de trabajo y
estudio, autonomía, colaboración solidaria y afán de superación.
j) Favorecer el paso de los alumnos de un ciclo a otro y de una etapa
educativa a la siguiente.
Hay ciertos momentos en la escolaridad en los que debe potenciarse la orientación
del alumnado. El paso de un ciclo a otro es uno de estos momentos. El cambio
de profesores, de programación, que progresivamente se hace más exigente, en
algunos casos el cambio de compañeros, aconseja una acción tutorial intensiva.
Mención especial requiere la decisión sobre la promoción o no del alumnado.
k) Mediar en situaciones de conflicto entre el alumnado, o con el profesorado
o la familia, buscando siempre una salida airosa al mismo.
Dada la complejidad de las relaciones humanas, y la educación se basa en las
mismas, no debe extrañar que se produzcan conflictos entre los alumnos, o bien con
algún profesor o entre un alumno y sus padres o hermanos. En tales situaciones
debe buscarse una solución educativa evitando en lo posible actitudes autoritarias.
La medicación entre las partes forma parte de las funciones del tutor y del orientador.
Estas deben tener unas habilidades básicas para la mediación que incluyen la capacidad
de escucha, la empatía y la creencia en la búsqueda de soluciones asumidas.
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